20 preguntas sobre los dioses griegos: los olímpicos, la titanomaquia, los nacimientos divinos y sus equivalentes romanos.

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Los dioses griegos no son admirables, y precisamente por eso llevan tres mil años entre nosotros. Son celosos, mezquinos, espectacularmente infieles y perfectamente reconocibles. Zeus gobierna el cielo y no se puede confiar en él ni una tarde. Hera se venga de sus amantes en lugar de vengarse de él. Ares resulta tan desagradable que Homero pone en boca de su propio padre que es el más odioso de todos los dioses.
El orden del mundo se decidió por azar, no por mérito. Tras diez años de guerra contra los titanes, los tres hermanos echaron suertes: Zeus se quedó el cielo, Poseidón el mar, Hades el Inframundo. Sus nacimientos son aún más extraños. Atenea salió del cráneo de Zeus completamente armada después de que él se tragara a su madre. Afrodita surgió de la espuma frente a Chipre, donde Urano mutilado cayó al agua. Hefesto nació solo de Hera, que lo arrojó del Olimpo por no ser perfecto.
Hay doce olímpicos, salvo que la lista tiene trece candidatos y todo el mundo discrepa en voz baja sobre el último asiento: Hestia o Dioniso. Hades queda fuera, no por falta de poder sino porque los Doce se definen por el domicilio: él vive abajo. Pasados por Roma se convirtieron en Júpiter, Venus, Marte y Mercurio, y desde ahí se apoderaron de los planetas, los días de la semana y buena parte del vocabulario del arte occidental.