La astronomía es la ciencia más antigua y la más humillante. Mucho antes de la electricidad, antes del telescopio, antes de las matemáticas tal como las conocemos, los seres humanos miraban el cielo nocturno e intentaban darle sentido. Los patrones que trazaron — las constelaciones, los planetas, el movimiento de la Luna — dieron origen a los calendarios, la navegación y el primer método científico: la observación sistemática a lo largo del tiempo.
La imagen moderna del universo es de una vastedad casi incomprensible. La Vía Láctea contiene entre 100 y 400 mil millones de estrellas, y es una de al menos dos billones de galaxias en el universo observable. La luz de las galaxias más lejanas ha estado viajando hacia nosotros desde antes de que existiera la Tierra. Los agujeros negros, las estrellas de neutrones, la materia oscura y la expansión acelerada del espacio mismo empujan la comprensión humana a sus límites.
Esta categoría cubre el sistema solar, la evolución estelar, las galaxias, la cosmología, la historia de la exploración espacial y las misiones — desde el Apolo hasta el telescopio James Webb — que han extendido la percepción humana hacia el cosmos.